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Dayanne Mijelle

of

Santiago, Chile

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LA CELDA

by

Dayanne Mijelle


Hoy, observé como, un hombre,
se revolcaba en su celda.
Celda de sangre y carne
que oprimía su alma enferma.

En la pupila de sus ojos
vi a su espíritu atrapado.
Las lágrimas caían
por el rostro engarrotado.

"Hombre",le dije,
"¿Porqué estás tan desolado?"
"¿En que redes has caído
que aún no has escapado?"

"¿Porqué tan abandonado?"

Me miró... No dijo nada.
Al cielo dirigió la mirada.
Mas,las palabras,
en su boca fueron estancadas.

En los barrotes de sus huesos
tenía el alma atrapada.
Con empujones de orgullo
permitió que la encerraran.

Y ahí estaba el hombre, en su celda,
batallando con su espíritu...
negándose la esperanza
que se da a los arrepentidos.

Porque el virus de la carne
carcomió su don divino.
Vanidades y ambiciones
manejaron su destino.

El mendrugo de mi voz
pareció abrir más la herida,
porque hasta el lecho en que duerme
lo comparte con la envidia.

Y la celda se encoge, se estira.
Levanta sus ojos y me mira...
un frío odio se escurre
por el salado hedor que transpira.

"¡Vete!", me grita, "¡Vete!".
"¡No deseo compasión!".
"¡Prefiero esta tortura
a tener que pedir perdón!"

"¡Fui verdugo del espíritu
que una vez Dios me entregó!"
"¡No necesito que veas
esta horrible conclusión!"

Y su celda con ombligo
en la penumbra quedó.
No quiso aceptar mi llave
y su puerta se cerró.

y observándole me quedo
con la amarga sensación...
de haber sido carcelero
de una terrible lección.

En la celda del orgullo
la sordera es un don.
La vanidad ceguera
y la envidia portavoz.

En la celda de los sabios
la llave es la razón...
Y sus puertas nunca cierran
si las abre el perdón.