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Corina

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Corina

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Corina

Hace exactamente un año se murió mi madre, no lo podía creer, era y sigue aún siendo un hecho casi de otra dimensión, es como que no le he vivido y sin embargo el tiempo que sigue su curso inexorablemente me golpea una y otra vez, enrostrándome que sí ha sido real, que han transcurrido 366 días sin su existencia, pero cómo explicarle a mi corazón que ya no he de verla más, cómo le digo a mis manos que ya no acariciarán su rostro, cómo le explico a mis oídos que ya jamás volverán a escuchar su dulce voz o el estridente sonido de su silencio cuando entristecía o se enojaba, cómo decirle a la lluvia que ya no mojará sus años de madre, hija abuela y esposa, o cómo le invento al sol un misterioso son que indique hacia donde se fue su luz y mi aliento añora su aroma de rosas indescriptible, una brisa que enmudecía al viento emanaba de su persona, un perfume a madre, a casa, a hogar envolvía ese rincón que ella habitaba y que ahora llora por su ausencia obligada por un coraz!
ón enfermo, que enlutó mi alma por la pérdida sin sentido e irreparable que dejó aquella casa y estas vidas que denuncian a la muerte como malhechora de vidas humanas, que le quieren cobrar justicia de la mano de un Dios que nos fue esquivo creemos, aunque es sin duda el sin sentido el que nos aconseja en esta mala hora de renegar de los más amado por ella, por Corina mi buena madre, por Corina, la más modesta y sencilla de las mujeres que he conocido pero con una fuerza y amor que enriquecía su alma e irradiaba una autoridad sin tener que precisar palabra alguna, por Corina la mujer que vivió una época difícil y que a sus maduros años supo engendrar amor y dar vida a unos hijos que hoy la recuerdan y la lloran con dolor que desgarra el cuerpo y el alma por la orfandad a la que los ha destinado su partida, tan imprevista, tan lejana y tan voraz, tan miserable con quien vive su vida modestamente, que gran sacrifico hacías madre querida, cuánto amor desbordaba en tu silenci!
oso mundo, cuanta energía destellaba de tus ojos ya cansados y!
entrist
ecidos por las penas de tu vida.
Estas palabras son para decirte que aunque pasen mil años, mi mente te tiene presente cada día y que este 26 de Julio es el día más triste de recordar, porque se fue la base sobre la cual forjé mi vida y hoy he quedado en el aire suspendida, sin sustento, sin valuarte, sin la esfera mágica que me escudaba de los peligros, penas y angustias que el mundo me entregaba, que aún sin verla me levantaba ante cada inconveniente que saltaba.
He hecho mi vida y tengo una hija y a pesar de todo sufro el destino de quienes como yo perdieron el abrigo de la madre con su nido.

Para Corina Muñoz Sepúlveda, en el primer aniversario de su muerte. Tu hija


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Hace exactamente un año se murió mi madre, no lo podía creer, era y sigue aún siendo un hecho casi de otra dimensión, es como que no le he vivido y sin embargo el tiempo que sigue su curso inexorablemente me golpea una y otra vez, enrostrándome que sí ha sido real, que han transcurrido 366 días sin su existencia, pero cómo explicarle a mi corazón que ya no he de verla más, cómo le digo a mis manos que ya no acariciarán su rostro, cómo le explico a mis oídos que ya jamás volverán a escuchar su dulce voz o el estridente sonido de su silencio cuando entristecía o se enojaba, cómo decirle a la lluvia que ya no mojará sus años de madre, hija abuela y esposa, o cómo le invento al sol un misterioso son que indique hacia donde se fue su luz y mi aliento añora su aroma de rosas indescriptible, una brisa que enmudecía al viento emanaba de su persona, un perfume a madre, a casa, a hogar envolvía ese rincón que ella habitaba y que ahora llora por su ausencia obligada por un coraz!
ón enfermo, que enlutó mi alma por la pérdida sin sentido e irreparable que dejó aquella casa y estas vidas que denuncian a la muerte como malhechora de vidas humanas, que le quieren cobrar justicia de la mano de un Dios que nos fue esquivo creemos, aunque es sin duda el sin sentido el que nos aconseja en esta mala hora de renegar de los más amado por ella, por Corina mi buena madre, por Corina, la más modesta y sencilla de las mujeres que he conocido pero con una fuerza y amor que enriquecía su alma e irradiaba una autoridad sin tener que precisar palabra alguna, por Corina la mujer que vivió una época difícil y que a sus maduros años supo engendrar amor y dar vida a unos hijos que hoy la recuerdan y la lloran con dolor que desgarra el cuerpo y el alma por la orfandad a la que los ha destinado su partida, tan imprevista, tan lejana y tan voraz, tan miserable con quien vive su vida modestamente, que gran sacrifico hacías madre querida, cuánto amor desbordaba en tu silenci!
oso mundo, cuanta energía destellaba de tus ojos ya cansados y!
entrist
ecidos por las penas de tu vida.
Estas palabras son para decirte que aunque pasen mil años, mi mente te tiene presente cada día y que este 26 de Julio es el día más triste de recordar, porque se fue la base sobre la cual forjé mi vida y hoy he quedado en el aire suspendida, sin sustento, sin valuarte, sin la esfera mágica que me escudaba de los peligros, penas y angustias que el mundo me entregaba, que aún sin verla me levantaba ante cada inconveniente que saltaba.
He hecho mi vida y tengo una hija y a pesar de todo sufro el destino de quienes como yo perdieron el abrigo de la madre con su nido.

Para Corina Muñoz Sepúlveda, en el primer aniversario de su muerte. Tu hija